Sobre héroes y Banfield

Soñaba ser contador, hasta había realizado el examen de ingreso a la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, pero no se enteraría de los resultados sino hasta estar cumpliendo el servicio militar en San Miguel del Monte. “Fue uno de los pocos que ingresaron, y lo hizo en los primeros lugares. Se puso feliz al enterarse de la noticia, gritó de felicidad”, cuenta Dalal, su madre. Y agregó “Era un chico piola, ejemplar, siempre pensaba en los demás”.

Él era Marcelo Daniel Massad, un chico que quedará presente en la memoria de los argentinos, pero en especial de los banfileños, ya que era fanático del club y del barrio. Nació el 31 de diciembre de 1962 enla Clínica Maternalde Lomas de Zamora. Era el mayor de sus hermanas Yamilé y Kamila.

Hizo la primaria en el Lincoln Collage, donde en séptimo grado le otorgaron una medalla distintiva al mejor compañero. Continuó la secundaria en el Colegio San Andrés. Era muy querido por sus amigos, con quienes se juntaba en su casa a estudiar o para “salir a boliches”. Le gustaba mucho el rock, pero no obstante escuchaba todo tipo de música.

Recordado como buen compañero practicaba varios deportes, como tenis y básquet, aunque su preferido era el fútbol. En 1982 jugaba en el puesto de arquero en la 5º división de Banfield. Sin embargo la vida tenía planes muy distintos para él, ya que tiempo después estaría partiendo a Las Malvinas a cumplir con su país.

Daniel participó del Regimiento de Infantería Mecanizada N°7 Coronel Conde de La Plata y partió rumbo a las islas en la noche del 13 de abril, en plena guerra. Su madre se subió al camión que los llevaba y le dio un rosario blanco para que lo llevase siempre con él. “Me voy a defender la patria” dijo Daniel a sus padres esa noche.

Junto a sus padres y hermanas, en su casa de Banfield.

Llegado a Malvinas le dieron  otro rosario de color marrón, Daniel unió ambos rosarios para hacer uno solo. Una vez en la isla se comunicaba con sus padres a través de cartas, en una de ellas, pedía a Coco, su padre, que fuera a Banfield y hablara para que le dejen su lugar en el equipo: “Papi, andá hablar al club, deciles que me guarden el puesto de arquero, cuando vuelva quiero defender los colores del club así como ahora estoy defendiendo la patria”, decía Daniel en la carta.

Sin embargo Daniel no volvería al club, tampoco al barrio ni a su casa; ya que en la noche del 11 de junio, cuando se encontraba combatiendo en Monte Longdon recibió la orden de repliegue, pero como siempre, él pensó en sus compañeros más que en su vida, no se replegó y avanzó a dar esa instrucción a sus compañeros que se encontraban en avanzada, en ese momento una ráfaga de ametralladoras lo alcanzó, alzándose así con su vida. En su chaqueta fue hallado un poema que había escrito una de esas duras noches de frío y hambre que le tocó vivir junto a tantos otros soldados, que sufrieron como nadie puede imaginarse.

Sin embargo Daniel no quedó allí, ya que en 1982 Alberto Cortez se enteró de su historia y compuso un tema en su nombre, “A Daniel, un chico de la guerra”, en su disco “Entre líneas”. Que entre otras estrofas dice así: 

Tu excusa de ser hombre:
algo más que el motivo
de la barba y el porte
y el salir con los amigos,
fue volverte habitante… Daniel
de la lluvia y el frío;
asumir el naufragio
con los cinco sentidos”.

 

Al finalizar la guerra en el Club Banfield se realizó un homenaje a los sobrevivientes, donde fueron nombrados como socios honorarios del club. También, durante el reconocimiento realizado el pasado jueves 29 de marzo en la Sede del club a ex combatientes de la guerra, en el marco del 30º niversario de la guerra, los padres de Daniel, Coco y Dalal, también fueron nombrados socios honorarios. En dicho evento Coco lo recordaba diciendo “Él dio la vida por la patria, así como todos los que cayeron ahí. La sangre derramada que está allá es símbolo de soberanía”.

Se han realizado varios reconocimientos a Daniel, en 1982 el club nombra a la oficina de fútbol amateur que se  encontraba en el primer piso de la sede como Daniel Massad. En la Plaza del Campeon (ex Almirante Brown) de Banfield se construyó una escultura conmemorativa a los caídos durante la Guerra de Malvinas, como la estación de trasbordo de Banfield (Vergara y Chacabuco) lleva el nombre de Marcelo Daniel Massad, ambas inauguradas el 4 de abril del 2011. El cuerpo de bomberos de Banfield y Lomas de Zamora bautizó con su nombre a una autobomba de la institución.

En el año 2002 se publicó el libro “Malvinas, 20 años, 20 héroes”, donde se seleccionaron 20 héroes de la guerra, y entre ellos está Daniel por su actitud heroica para salvar a sus compañeros.

En cada acontecimiento que asisten Dalal y Coco, recuerdan con mucho cariño y dolor a su hijo. “El dolor de perder a un hijo no cicatriza nunca [...] el cuarto de Daniel está igual que cuando lo dejó, hay cartas cerradas, fotos, muchas cosas más, sólo le hemos agregado algunas medallas y reconocimientos que hemos recibido en su honor”, cuenta Dalal.

En 2001, sus padres viajaron a las islas y trajeron turba de allí, Coco los plantó detrás de los dos arcos del Lencho Solá y afirma que “trajeron suerte”, ya que meses después El Taladro volvía a primera. Con respecto al viaje, Dalal dice que “es un dolor enorme tener que llevar el pasaporte, pero no queda otra, el cuerpo de los chicos están ahí”. En 2007 participaron del documental “Locos de la bandera”. Los  restos de Daniel yacen en el cementerio argentino de Darwing, en una tumba sin reconocer. Es por esta y otras razones que son muchas las reivindicaciones por las que se deben continuar luchando por la memoria, la verdad y la justicia de aquella guerra infame e injusta.

Con respecto a su nacimiento un 31 de diciembre, Dalal contó a MOEV “lo que son las cosas de la vida… a mi me dijeron que lo inscribiera el 1º de enero justamente por el servicio militar, y yo dije que había nacido el 31 y lo debía anotar en esa fecha, sin pensar que eso cambiaría completamente mi vida”.

Daniel Marcelo Massad, soldado clase 62, o un chico de 19 años. Héroe argentino, un héroe de Banfield.

 

Por Agustín Arámbulo.


Poema encontrado en la chaqueta de Daniel

Escucha Dios:
Yo nunca hablé contigo, Hoy quiero saludarte: ¿Cómo estás?
¿Tú sabes? Me decían que no existes, y yo, tonto, creí que era verdad.
Anoche vi tu cielo. Me encontraba oculto en un hoyo de granada…
¡Quién iría a creer que para verte bastara con tenderse uno de espaldas!
No sé si aún querrás darme la mano; al menos, creo que me entiendes.
Es raro que no te haya encontrado antes, Si no en un infierno como éste.
Pues bien… Yo todo lo he dicho. Aunque la ofensiva nos espera para muy pronto,
Dios no tengo miedo desde que descubrí que estabas cerca.
La señal! Bien Dios, ya debo irme. Olvidaba decirte… que te quiero.
El choque será horrible… en esta noche ¡Quién sabe! tal vez llame a tu cielo.
Comprendo que no he sido amigo tuyo. Pero ¿me esperarás si hasta ti llego?
¡Cómo! ¡Mira Dios: estoy llorando! tarde te descubrí ¡Cuanto lo siento!
(Qué raro: sin temor voy a la muerte…) Dispensa, debo irme ¡Buena Suerte!

Daniel Massad

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