Marca de teatro

Víctor Winer es un reconocido dramaturgo argentino. Hijo de una familia de inmigrantes polacos que, si bien pasó gran parte de su juventud en Rosario, a los 18 años regresó a Buenos Aires donde dio sus primeros pasos en el teatro, para luego si, dedicarse a las letras y consolidarse como autor. Una vez casado, con su familia vivió en Banfield, y ahí comenzaría su pasión verde y blanca. Es autor de muchas obras reconocidas como Buena presencia, Luna de miel en Hiroshima y su más reciente creación, Ampelman, estrenada este año. Tiene 58 años, en los que además de la dramaturgia, ha dedicado su tiempo a escribir varios libros y a recibir premios de orden nacional e internacional.

¿Cuando surge tu pasión por las letras?

Mi pasión empieza con mis hábitos de lectura. En el secundario fui a un colegio industrial donde solo teníamos una hora de literatura a la semana. Pesea lo escaso de esta materia, despertó en mi a un ávido lector y de apoco un escritor.

El puente hacia el teatro llegaría mas adelante cuando luego de un par de obras escritas en forma autodidacta entré a un taller de dramaturgia coordinado por Ricardo Monti.
Hay en mi un antes y un después de éste encuentro, en éstos talleres se produjo en mi una epifanía respecto a la dramaturgia que ya no me iba abandonar nunca mas. Si bien soy un continuo lector de diversos géneros (aunque tal vez este un poco en deuda con la poesía) es en el teatro donde mi escritura encuentra cauce.
Sos un referente del humor negro ¿Que artistas te influenciaron en esa línea?.

No se si se puede hablar de mi como un referente, me vienen a la mente las anécdotas que se contaban de Onofre Lovero, gran persona del mundo teatral, un actor pero fundamentalmente un hombre de teatro. Se cuenta que una vez actores que iban a su encuentro le dijeron “maestro” a lo que el gran Onofre contesto: “apenas discípulo”. Hago mías las palabras de Onofre.

No se que artistas me influenciaron. Si puedo decir a cuales admiro y si bien podríamos decir que no pertenecen al humor negro su mirada profunda, certera irónica y mordaz los acercan bastante, me refiero a Roberto Art e Isidoro Blaisten entre otros.

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Este año participaste del Premio Casa de las Américas de Cuba como jurado, contanos algo de eso.

Entendiendo que es el más prestigioso premio latinamericano del género teatro, y haber sido jurado es un orgullo que me va a acompañar toda mi vida. Una experiencia excelente. Puedo decir que es un premio absolutamente transparente. (NdR: En este evento Víctor compartió panel, entre otros, con Eduardo Galeano -ver nota-)

Tuviste un paso por la televisión ¿volverías a eso?

De ningún modo. Respeto a quienes ven en ella un medio laboral y artístico para mi fue debut y despedida. El ciclo del que participe no puede haber sido más exitoso, me refiero a Ficciones, adaptaciones de cuentos de grandes autores argentinos, todo fue dirigido por Sergio Renan. Pero me bastó esa experiencia para entender que no estoy para el ritmo y exigencia que requiere ese medio.

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Si alguien quiere empezar a conocer tu obra, ¿con que le recomendás que empiece y porque?

La obra que mas me gusta de las mías es Buena Presencia, la escribí a las 26 años y ganó el segundo premio nacional otorgado por la Secretaria de Cultura de la Nación.

Ahí se ve claramente muchas de los temas, climas y texturas que desarrollaría con los años

Tenés una historia poco habitual de cómo te hiciste hincha del Taladro…

Si, viví en Banfield muchos años, y ahí mi hijo Federico (NdR: Es periodista que colaboró mucho tiempo con Soy de Banfield) se hizo fanático, en nuestro caso el carácter transitivo fue de su generación hacia la mía. Al revés de lo habitual.

 

Por Hernan Bañez

Sitio oficial de Victor Winer www.victorwiner.com/

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